Eusebio entre nosotros

Eusebio entre nosotros

Por: Ricardo Alonso Venereo.

Para recordar a Eusebio Leal Spengler, eterno historiador de La Habana, no es preciso que el almanaque anuncie fecha alguna. Si bien se cumple hoy (31 de julio) un año de su partida, muy cerca ha estado por estos días el intelectual cubano en el alma de la nación. 

Cuba entera tuvo la oportunidad de conocerlo, porque Eusebio supo llegar a todos sus coterráneos, lo mismo a los que tuvieron el privilegio de acompañarlo, que a aquellos que lo admiraron, sacudidos, desde la distancia.

La conmoción que anidaba en Eusebio al hablar de su Patria, de La Habana o de una causa justa, consiguió atomizarse. El amor por Cuba se le salía en cada discurso, y hasta en conversaciones más personales. Bien lo sabemos los que debido a nuestra profesión lo escuchamos en conferencias de prensa, en recorridos por el Centro Histórico de la ciudad, en presentaciones de libros, o en charlas más informales. 

No tuve la suerte de ser su amigo, lo que les envidio sanamente a aquellos que lo consiguieron. Sin embargo, hoy especialmente pienso en él. Leal fue leal a Cuba y los que la amamos no podemos dejar de sentir la cercana presencia de este hombre cuando ella necesita, más que nunca, de la dignidad de sus hijos. Su ejemplar incondicionalidad y la obra toda de su vida continúan convocándonos a dar de nosotros lo mejor. No importa desde qué sitio lo haga; Eusebio aviva al perezoso o al que por momentos olvida.

Me he preguntado tantas veces: ¿qué nos habría dicho Eusebio de haber estado físicamente entre nosotros el pasado 11 de julio? Si bien no estuvo para presenciar los hechos, basta haberlo conocido y andar muy claros de los verdaderos propósitos imperiales de destruir a la Revolución cubana, para que la voz exaltada del doctor Leal pusiera los puntos sobre las íes.

Sabiéndolo martiano de la cabeza a los pies, patriota, justo, sincero, revolucionario, estoy seguro de que habría estado entre los primeros en denunciar la vil manipulación hecha por nuestros enemigos sobre la realidad cubana; que habría repudiado con todas las fuerzas de su espíritu la violencia enceguecida de los dominios del mal. 

A un año de su definitivo adiós, no es definitivo su silencio. Eusebio, desde su palabra eternamente viva, abogaría por la paz, por la unión de todos los cubanos, por el diálogo inteligente. No es difícil imaginarlo por estos días, remitiéndonos a las gloriosas letras de nuestro Himno Nacional, para formar filas y combatir al enemigo del Norte revuelto y brutal, si fuera preciso, con tal de defender una tierra que decidió, hace más de 60 años, no regresar jamás a la esclavitud.

Estoy seguro de que los que hoy pretenden mancillar la verdad de Cuba, hallarían en Leal a su primer oponente, al soldado que no dudaría en ofrendar su vida por la luz de su Patria.

Al «hombre del traje gris» –como también se le suele llamar– me pareció verlo tras el 11 de julio, entre los revolucionarios que, portando fotos de Fidel y de Raúl, y haciendo ondear la bandera cubana, reafirmaban su apoyo al Gobierno y al Partido. Lo vi, estoy seguro, condenando los hechos vandálicos pagados desde Estados Unidos para derrocar la firmeza de un pueblo que él conoce bien. De que está en primera fila, batallando por Cuba y defendiendo su belleza, no albergo duda alguna. Quienes lo conocieron saben que no deliro: Eusebio está junto a nosotros.

Fuente: Granma

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