Fernando Ortiz: metáfora del presente

Fernando Ortiz: metáfora del presente

Por: Pedro de la Hoz.

A 140 años de su llegada al mundo, el 16 de julio de 1881, Fernando Ortiz se yergue en su plena y absoluta vigencia como un emblema sagrado de la cultura cubana. Bucear en sus páginas, ensanchar su legado, tomarlo como paradigma de científico social de amplísimo espectro e intelectual comprometido con el destino de la Patria, devienen misiones y retos permanentes para quienes desde diversas áreas del conocimiento y la creación modelan la Cuba de los años por venir.

«Hay que entender su obra como una metáfora del presente», aseveró el poeta y etnólogo Miguel Barnet, presidente de la Fundación Fernando Ortiz a pocas horas de sesionar el coloquio internacional dedicado al sabio, que enlazará por vía digital a investigadores de Brasil, México, Italia, Costa Rica, España, Estados Unidos y Cuba, que aportará ponencias a cargo de Zuleica Romay y José Matos.

«La labor de eminente carácter humanista –recalcó Barnet– produjo en Cuba un cambio de perspectiva en el abordaje a temas como la lingüística, la música, los estudios antropológicos y los valores epistémicos de las culturas populares. Ortiz penetró en la selva oscura y escamoteada de la historia. Desbrozó caminos donde el acceso era casi infranqueable por los prejuicios que una visión hegemónica imponía y rescató una cultura invaluable que es ya parte esencial de nuestro corpus identitario, y de la etnografía cubana».

Don Fernando transitó de un siglo a otro, en su formación, de la abogacía a las ciencias sociales. Lo que comenzó interesándole, desde el punto de vista criminológico, derivó hacia una prospección sociológica en un principio influida por el positivismo de la escuela italiana, y luego fiel al electivismo tan caro a la mejor tradición cultural en tiempos de forja de la nación.

Así quemó etapas, de Los negros brujos (1906) a Los negros esclavos (1916) y Los negros curros (vio la luz póstumamente), y alcanzó pronto cotas realmente sorprendentes y fundamentales para entender a Cuba en sus adentros y conexiones con el mundo, como lo hizo con el insuperable Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940).

En ese ensayo expuso un concepto clave para la aprehensión exacta de lo que somos y de dónde venimos:

Hemos escogido el vocablo transculturación para expresar los variadísimos fenómenos que se originan en Cuba por las complejísimas transmutaciones de culturas que aquí se verifican, sin conocer las cuales es imposible entender la evolución del pueblo cubano, así en lo económico como en lo institucional, jurídico, ético, religioso, artístico, lingüístico, psicológico, sexual y en los demás aspectos de su vida.

La musicología cubana no puede prescindir de sus contribuciones en ese campo, con obras como De la música afrocubana, un estímulo para su estudio (1934), La clave xilofónica de la música cubana (1935), La africanía de la música folklórica de Cuba (1950) y los cinco tomos de Los instrumentos de la música afrocubana (1952-1955).

Martiano de honda raíz, activista político y social de las causas más justas de su época, su legado antirracista fecunda en la actualidad los empeños del Estado y de la sociedad civil socialista por erradicar todo tipo de discriminación y prejuicio. Su obra El engaño de las razas constituye una de las brújulas teóricas para encarar el Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial.

La Fundación Fernando Ortiz preserva y promueve la extraordinaria siembra del sabio. A manera de inspiración, Miguel Barnet sentencia: «Él nos enseñó a pensar en cubano, es decir, con una visión proteica, desprejuiciada y universal».

Fuente: Granma

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