Jóvenes de hoy: herederos de aquellos del 61

Jóvenes de hoy: herederos de aquellos del 61

Por: Maya Quiroga. 

El año 1961 fue de vital importancia para la Revolución cubana. En el mes de abril, coincidiendo con la invasión por Playa Girón, abría sus puertas la Escuela Nacional de Instructores de Arte (Enia) y, en el mes de diciembre, Cuba se declaraba como Primer Territorio Libre de Analfabetismo en América.

Hace seis décadas un grupo de jóvenes fueron los protagonistas de aquellos hechos históricos que marcaron sus vidas para siempre. Fue el Instituto Nacional de Reforma Agraria (Inra) el organismo que lanzó la convocatoria en los periódicos para formar a los primeros instructores de arte, mayores de 15 años, en las especialidades de música, baile y teatro.

Los interesados debían llenar una planilla y recibían la respuesta afirmativa a través de un telegrama donde eran citados para presentarse en el Hotel Comodoro, sede de la nueva escuela que tenía como lema: “El arte para el pueblo”. Era esta la primera institución de su tipo creada por el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, el 14 de abril.

Según nos explicó Agustín Pérez, vicepresidente del Consejo Nacional de Casas de Cultura, le correspondió a Isabel Monal Rodríguez, Doctora en Ciencias Filosóficas y en Pedagogía, la misión de sacar adelante la Enia, pues ya venía con la experiencia de haber atendido el Movimiento de Artistas Aficionados antes de que se creara el Ministerio de Cultura.

El primer curso se extendió entre abril de 1961 y el 6 septiembre del 63. Muchos de sus primeros egresados recuerdan a la escuela como una gran familia. De aquella época es la frase: «Los jóvenes pensamos que somos historia porque sabemos que somos historia».

Hace una década la profesora de música Concepción Moré de Castro (Conchitica), Premio Nacional de Cultura Comunitaria, nos contó que el himno de los instructores de arte se titula «Miembro de Honor», y su primera estrofa dice así:

Somos los instructores de arte de la Revolución

Somos instructores de arte

que luchamos en aras de un futuro mejor

vamos a llevar a los campos

a los montes y llanos del arte la instrucción

La composición se debe a Miguel Núñez, egresado de música en la primera graduación y padre del pianista Miguelito Núñez. En los primeros años todos cantaban el Himno con mucho orgullo, rememoró entonces Conchitica y agregó que por suerte es el mismo que hoy ha hecho suyo la Brigada de Instructores de Arte José Martí (BJM).

Los primeros instructores de arte estuvieron en el Escambray durante la lucha contra bandidos, llevaron la educación estética a granjas, cooperativas, y también a otras tierras. Una de esas jóvenes que salió de la capital rumbo a la localidad de Fomento, en Villa Clara para llevar la cultura a los campesinos fue Olga Alonso.

Quienes la conocieron la recuerdan como una muchacha con una gran madurez a pesar de su corta edad. Impactaba por su forma de ser, su disciplina, su calidad como estudiante. Al decir de la instructora de teatro Zoila González Peña, Olguita fue el primer expediente entre los diez primeros de la escuela.

Precisamente, en Fomento falleció en un accidente de tránsito cuando se dirigía a cumplir con su deber. Por eso su legado permanece vivo en esa localidad donde se celebra el Festival de Teatro Aficionado Olga Alonso.

En su honor también se creó el Premio Nacional Olga Alonso por la obra de toda una vida, que se confiere con carácter bienal en reconocimiento a la labor, aportes y contribución de profesores instructores de arte al desarrollo cultural de la nación y se instituyó el 18 de febrero, fecha de su natalicio, como el Día del Instructor de Arte.

El ejemplo de los primeros instructores está presente en la obra de la Revolución y ha llegado hasta la República Bolivariana de Venezuela, gracias al Alba Cultural y la Misión Cultura Corazón Adentro. En la actualidad muchos de ellos ya no se encuentran físicamente entre nosotros, pero su labor perdura en la memoria colectiva de los hombres y mujeres a los que adentraron en el mundo de la apreciación estética.

Hoy tienen el deber de continuar esa obra los miembros de la BJM, un movimiento cultural que lleva el nombre del Héroe Nacional de Cuba. La Brigada fue fundada por el Comandante en Jefe, el 20 de octubre de 2004, en la Plaza Che Guevara, de Santa Clara, Villa Clara, con la principal misión de llevar el arte a cada rincón del país, lo mismo en el campo como en la ciudad.

En la actualidad integran la BJM jóvenes graduados de las nuevas Escuelas de Instructores de Arte en las especialidades de música, teatro, artes plásticas y danza, quienes tienen como misión potenciar el trabajo cultural comunitario y reactivar el movimiento de artistas aficionados. Entre sus retos para este siglo XXI se encuentra el uso más eficiente de las redes sociales ante la hegemonía de los conglomerados de la comunicación y en tiempos de pandemia.

Los actuales instructores de arte son herederos de aquellos jóvenes que respondieron al llamado de la Patria, en abril de 1961.

Tomado de Cubahora

Brigada José Martí 

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