Breve historia de las zapatillas de punta

Breve historia de las zapatillas de punta

Por: Yilian Carús.

Las zapatillas de punta, con su capacidad para elevar a un bailarín tanto literal como metafóricamente a un reino sobrehumano, son el símbolo definitivo de la etérea y el trabajo duro de una bailarina. Para los estudiantes, recibir un primer par de zapatillas de punta es un rito de iniciación. Los zapatos tienen un encanto casi místico: son una fuente inagotable de tradiciones y rituales, con consejos, trucos e historias transmitidas de generación en generación.

Vemos una zapatilla delicadamente zurcida, introducida en la década de 1820, se ha transformado en una herramienta técnica que ofrece a los bailarines la máxima libertad en el escenario actual.

(Foto de Marie Camargo)

Cuando se produjo la creación del ballet en las cortes europeas, los bailarines usaban zapatos de tacón. En la década de 1730, la bailarina de ballet de la Ópera de París, Marie Camargo, fue la primera en quitarse los tacones de sus zapatos, abriendo el camino para la zapatilla suave que conocemos hoy. Camargo es el punto de transición entre un zapato de tacón y una zapatilla de punta. La zapatilla permitió a Camargo realizar saltos y allégros rápidos, que no eran posibles con zapatos de tacón, ampliando el vocabulario de movimiento para las bailarinas.

Charles Didelot, un bailarín y coreógrafo del Ballet de la Ópera de París, inventó un aparejo de cables que permitía a los bailarines «volar» en el escenario. El aparato puso a los bailarines de puntillas antes de volar. 

(Foto de Marie Taglioni)

En 1823, la bailarina italiana Amalia Brugnoli introdujo el trabajo de puntas al público del ballet, elevándose hasta la punta de los pies en La Fée et le Chevalier, de Armand Vestris. Brugnoli usaba pantuflas de satén de punta cuadrada ligeramente cosidas, y tuvo que usar sus brazos y una cantidad visible de esfuerzo para ponerse de puntillas. Sin embargo, inspiró a los demás bailarines de la época, incluida Marie Taglioni, a practicar la técnica. En 1832, Taglioni se convirtió en la primera en bailar un ballet completo en punta cuando estrenó La Sylphide, coreografiada por su padre, Filippo Taglioni. 

Otras bailarinas de la era romántica, en particular Fanny Elssler, que se destacó en el juego de pies rápido, impulsaron el trabajo de puntas aún más en los años siguientes.

Más tarde, en el siglo XIX, los zapateros italianos desarrollaron zapatos de punta reforzados con cajas rígidas hechas de periódico, pasta de harina y cartón. Las plantillas de cartón de los zapatos estaban reforzadas con cuero. Los bailarines italianos viajaron a Rusia, donde el ballet era extremadamente popular en las cortes imperiales, y finalmente influyeron en Marius Petipa para incorporar el trabajo de puntas en sus ballets. Lo usó para ayudar a definir a sus personajes, como la Princesa Aurora en La Bella Durmiente, cuyos largos equilibrios demuestran su aplomo.

La prima Anna Pavlova  a principios del siglo XX tenía arcos muy altos e inestables, por lo que se puso suelas de cuero dentro de sus zapatillas de punta y endureció la caja para brindar más apoyo. Cuando hizo su primer viaje a los Estados Unidos en 1910, Pavlova hizo equipar su empresa con zapatos fabricados por el zapatero de Metropolitan Opera Salvatore Capezio, lanzando así la primera marca internacional de zapatillas de punta.

 

Breve historia de las zapatillas de punta

                                                               (Foto de la zapatilla de Anna Pavlova)

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