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Compañía cubana Villa de San Cristóbal

La Compañía Villa de San Cristóbal desde hace 12 años posibilita explorar y descubrir sus potencialidades a jóvenes en algún momento desvinculados del estudio y el trabajo, residentes en el reparto habanero Luyanó, del municipio 10 de Octubre.

De muchas maneras ese grupo danzario teatral, bajo la guía del director artístico y maestro, Rafael Pérez Gil, se convierte en un hogar para gran parte de sus integrantes, sobre todo quienes provienen de familias disfuncionales.

Con el propósito de que sus miembros tengan iguales derechos y disfruten haciendo arte comunitario, esta formación artística surgió como parte del proyecto Impulso para el Patrimonio, auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés).

Cientos de adolescentes y jóvenes han comprendido en la agrupación que la risa, la música y la responsabilidad son elementos comunes que aglutinan.

Multipremiados en el Carnaval de La Habana por la excelencia de sus ejecuciones, la versatilidad de temáticas que representan, la espectacularidad y el colorido de sus vestuarios, sus expresiones de alegría y motivaciones para ser felices, los miembros de esta formación reconocen el compromiso de ser cada día mejores seres humanos.

Las familias y la sociedad toda resultan beneficiadas con las intervenciones en la comunidad desde el arte más popular desarrollado por Compañía Villa de San Cristóbal, que ayuda a personas que, por motivos disímiles, vieron truncos sus sueños y hasta fueron víctimas de distintas formas de violencia.

Perejil, padre y maestro

Considerado un padre amoroso, pero severo, el maestro Rafael Pérez Gil (Perejil, como le conocen), ha sabido convertirse en el timonel y el guía de un grupo-familia donde no existen distinciones por el color de la piel, la orientación sexual, el credo religioso o el nivel cultural.

Personas de distintas profesiones y especialidades dialogan como hermanos y hermanas con quienes no han logrado superar el noveno grado de escolaridad, ayudándolos a erradicar sus deficiencias y alcanzar metas superiores.

Ejemplos de jóvenes colaborando para el mejoramiento individual y colectivo no faltan entre los discípulos del sexagenario artista, que ha puesto en función del grupo de baile y teatro, toda su experiencia de más de cuatro décadas en el trabajo, dentro del entramado sociocultural que abriga el carnaval habanero.

Según apuntó el profesor, largas noches de ensayo, montajes complicados, agotadoras pruebas de vestuarios, se combinan con momentos para la reflexión sobre temas de actualidad nacional e internacional, lectura de materiales de interés colectivo y hasta la limpieza del espacio de práctica de la compañía. Todo pensado desde el interés de inculcar valores que para ciertos jóvenes resultan ajenos.

Historias de muchachos

Rafael Pérez Gil resaltó su orgullo por transformar la vida de Chiqui, un intranquilo muchacho, miembro de un núcleo familiar con severas dificultades para la comunicación y conductas sociales negativas.

Agregó el profesor que el talento y la aptitud para la danza florecieron en el carácter de quien ahora es el mejor coreógrafo del Carnaval de La Habana, lauro ganado en más de cinco oportunidades gracias a los montajes realizados con la Compañía Villa de San Cristóbal.

Pero no conforme con eso, la evolución positiva de Chiqui resulta coronada con estudios en la Universidad de las Artes, de donde próximamente egresará como un profesional de la danza.

“Todo lo que he logrado en el mundo profesional y hasta en lo personal se lo debo a Perejil, él es mi padre, mi guía y mi mejor ejemplo, de no ser por su apoyo y enseñanza no sé adónde habría ido a parar mi vida”, confesó Chiqui.

Por su parte, el ingeniero informático, Herson Fernández Machado, explicó que encontró en el grupo danzario teatral la manera para canalizar sus inquietudes artísticas, convirtiéndose en uno de los personajes principales de la compañía y en un pilar fundamental para el desarrollo de ésta.

“Aunque terminé una carrera universitaria, mi verdadera vocación siempre estuvo en la danza, y gracias al maestro llegué a fundar mi propia compañía, Kubasoy, a titularme como productor de espectáculos y a «volar» con las alas del arte, algo que él nos ha enseñado a utilizar”, indicó Fernández.

Presencia en la cultura comunitaria

La participación de la compañía Villa de San Cristóbal en los festejos populares de los municipios habaneros, y en especial en 10 de Octubre, destaca como uno de los más esperados sucesos artísticos del año.

Sus presentaciones en plazas y parques son habituales durante las semanas de la cultura en diferentes territorios capitalinos y en algunos fuera de los límites provinciales.

En esas jornadas surge la oportunidad para que quienes lo deseen encaminen sus primeros pasos en el arte danzario y teatral. De esta manera la compañía trabaja en la formación de valores relacionados a la identidad cultural del país, enfatizando en la preservación de la tradición carnavalesca, como elemento que distingue la cultura nacional.

Fruto de esa labor de formación cultural desde la niñez, Yandiel Castro Hernández, de 12 años, ha perfeccionado durante casi una década su interpretación danzaria de Elegguá, deidad del panteón Yoruba, como parte del espectáculo presentado por la compañía en las fiestas populares.

“De Villa de San Cristóbal no me voy, he aprendido a comportarme, a valorar la cultura cubana y a defender la identidad de esta agrupación en cada una de mis actuaciones, por eso amo a Perejil y a todos los de esta familia”, aseguró el adolescente.

Texto y fotos: IPS