El poeta del Moncada y los trabajadores de la Cultura

Por Félix A. Bolaños Leyva

Escribir sobre Raúl Gómez García (Güines, 14 de diciembre de 1928-Santiago de Cuba, 26 de julio de1957) parece una tarea obligada en esta fecha en que ese cubano, puro de corazón y de mente, hubiera cumplido 92 años, si el deber no lo hubiera llevado a la muerte. Pero se hace necesario, porque precisamente la fecha de su natalicio es el mejor pretexto para celebrar el Día del Trabajador de la Cultura; y qué mejor homenaje al poeta que regaló sus versos y su sangre joven a una acción que resultó la chispa de la hoguera que pondría fin a siglos de humillación y despojo.

Pero Raúl Gómez García no es solo el autor del poema «Ya estamos en combate», que leyera allí, en la Granjita Siboney, momentos antes de partir hacia el Moncada, a su pluma se deben también otros textos, en los cuales se revela como un eterno enamorado, como por ejemplo éstos, de los cuales cito una breve parte:

Un amor prohibido:

¡Cuántos recodos sorprendentes nos guardan los caminos de la existencia…! ¡Cuántos supremos padeceres se alientan con el fruto de las desilusiones…! ¡Cuánto amor estrellado contra las murallas de la prohibición…!

Una ilusión fantástica:

Este amor que me quema y me late en mis sueños,

no es una pasión de esas que se dan en la vida;

hay en mí un ser que adora la expresión de tus frases,

tus locuras de niña y tu fiel corazón…».

[…]

Déjame que te sueñe… Déjame que te adore…
Si tu beso aún no es mío…. Si me vedan tus labios,
Si no pueden mis manos acariciar las tuyas,
Si es mi condena verte sin ser míos tus ojos…
Déjame que te sueñe con mi loco querer…

Un sueño de poeta:

«Esta imagen preciosa…

Estas visitas cortas que me das en la noche en mi obscuro cuartucho…».

Tendrán siempre en mi mente el rigor del recuerdo,
El patrimonio quedo de tu constante afán
Oh…!¡Cuánto de grande y de dulzura encierra
Entre las mallas negras de la noche fecunda
Sentir tus besos fríos en la mejilla ignota
Y verter mis caricias en mi sueño infernal…

Abismo:

Por eso yo no he muerto…

yo no he muerto aún por eso…

porque aún quedan poemas que sueñan y que aman…!

Porque aquí dentro tengo, desde el abismo incierto,
los gritos estentóreos que ansían y reclaman
que aunque estés prohibida a mi dolor sereno
con mis poemas muertos te salga yo a buscar…

¿Qué habría sido Raúl, si la injusta muerte no lo hubiera arrebatado de este mundo a tan temprana edad? Un gran poeta sin duda, pues acariciaba los versos lo mismo que a una mujer hermosa; quizá un eminente maestro, pues era su vocación la pedagogía; o un destacado atleta, pues también amaba los deportes todo eso y más, pero sobre todo un gran revolucionario, pues él, un ferviente martiano, sabía que «el único modo de ser poeta de la patria oprimida es ser soldado».

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