Sobre Giselle y el ballet romántico

Sobre Giselle y el ballet romántico

Por: Yilian Carús.

Con Giselle el ballet romántico adquiere popularidad. El 28 de junio de 1841 se estrena el montaje a cargo de J. Coralli y J. Perrot, basado en una idea de T. Gautier, como ya se señaló. Gautier, a su vez, basó su obra en una leyenda recogida por el poeta Heinrich Heine (Düsseldorf 1797-París 1856) acerca de las “Willis”, espectros de jóvenes doncellas que murieron antes del matrimonio: Giselle une armoniosamente el elemento humano (primer acto) al celestial (segundo acto); la fuerza del monólogo y el diálogo mímico y bailado, a la riqueza de la pura danza. La doble imagen de Giselle, primero simple campesina, capaz de amar con todo el ardor e ingenuidad de la juventud y la inconciencia destinada a sucumbir a este amor para convertirse en una sombra del reino de las “Willis” (Lifar 67 – 8).

Giselle es una obra que apela a las grandes pasiones humanas. Es muy compleja, contraviniendo la teoría de Jean Georges Noverre (París, 1727-Saint-Germain-en-Laye, 1810) expresada en Cartas sobre la danza y los ballets de 1759, quien afirma que el ballet de acción es de fácil entendimiento, no sólo a nivel de trama, sino también porque Giselle es atemporal, esto es, que no se puede situar en ningún periodo histórico concreto, con personajes sobrenaturales (los espectros de las “Willis”).

Giselle ha sido acogida por toda clase de público, ha recibido el favor de la crítica, y sigue representándose, permitiendo al Romanticismo permanecer vigente. Éste, el ballet, trae a Gautier y Heine, autores románticos, a escenarios actuales. Las puestas en escena de ballet clásico se basan, por lo general, en obras literarias de desarrollo lineal: inicio, nudo y desenlace.

La composición del ballet es igualmente simple y clásica: tres, máximo cuatro actos, generalmente precedidos por un pequeño prólogo. Cada acto tiene, a su vez, inicio (presentación de los personajes), nudo (la introducción al problema, el drama a resolver) y un desenlace y/o final. La sumatoria de todos los actos, hace de la obra, en su integridad, una historia, o lo que llamaríamos en términos literarios, una trama fácil de entender, de comprensión inmediata para el público receptor. Esto es a lo que Noverre denomina ballet de acción, ballet de’action, base teórica y crítica para todas las obras, que se denominan de aquí en adelante como ballet.

Giselle es una obra de gran importancia, no sólo a nivel del tecnicismo de la danza clásica; es considerada el primer caso comprobado de la relación ballet-literatura, es así ejemplo de relación indirecta, es decir, que no se trata de una adaptación de una obra literaria como tal, sino de la creación de un libreto, creándose una cadena autorial que puede ilustrarse así:

1) Tradición oral – leyenda de las Willis

2) Heine recoge en forma escrita la leyenda

3) Gautier escribe el libreto del ballet

Gautier, guiado por la fascinación de temas, personajes y espacios sobrenaturales, y por la relación aparente entre el amor y la muerte, todos temas populares en el ballet romántico, creará una obra en dos actos, en la cual, como parte de esa relación indirecta, aportará una trama-inicio-nudo-desenlace y unos personajes, famosos y queridos hasta el día de hoy. El primer acto, con su pantomima dramática y sus danzas aldeanas, es en donde, en medio de la vendimia en el Rin […] El conde Albrecht llega a la casita de la joven campesina Giselle […] empieza a cortejarla, bailan en el festejo de la vendimia, a pesar de la prohibición de la madre de Giselle, quien le dice que el baile es un esfuerzo muy grande para su débil corazón […] Batilde, la hija del duque, pone en conocimiento de Giselle que es la prometida de Albrecht. En su desesperación la aldeana trata de quitarse la vida, pero en aquel momento, pierde la razón, delira, cesa su pulso de latir y cae sin vida en brazos de su madre.

En el segundo acto, ubicado en la irrealidad del mundo de los espíritus, se hace una referencia más clara, hacia aquellos temas y personajes de carácter romántico. Además, aquí se lleva al público receptor hacia la referencia literaria que beneficia este ballet, la idea de Heine sobre las “Willis”. Se recalcan, en este segundo acto, todos aquellos temas, personajes y escenarios que caracterizan al Romanticismo y que este ballet haría populares: relación entre amor y muerte (eros y thanatos), personajes y espacios sobrenaturales.

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