Gracias a mi maestra María Verdecia he podido brillar

Por: Maya Quiroga

 

Lía García Oliva es una joven alumna de violín que inició sus estudios de ese instrumento de cuerdas frotadas a los nueve años en la Escuela Elemental de Música Paulita Concepción. Actualmente perfecciona sus estudios en el Escuela Profesional de Arte Amadeo Roldán e integra la Orquesta de Cámara de ese prestigioso Conservatorio.

La joven de 16 años cursa en estos momentos el primer año de nivel medio de violín. Además, se prepara en la especialidad de Estudios Teóricos de la Música. Ha recibido clases magistrales de excelentes músicos, entre los que destacan: Tai Murray (Estados Unidos), Alexander Gilman (Alemania), Raquel Castro (España), entre otros.

Lía tiene mucho que agradecerle a su maestra María Verdecia, quien la motivó a participar en diversos encuentros, presentaciones y festivales. Precisamente a ella va la dedicatoria del segundo lugar que acaba de obtener en la categoría de 14 a 16 años durante la edición de primavera del concurso online  King’s Peak International Competition.

Afortunadamente, para la única aspirante cubana la inscripción fue totalmente gratis. La futura violinista concursó con un video de menos de seis minutos de duración, enviado al certamen online. Defendió una pieza que se inscribe dentro de la tendencia musical conocida como impresionismo: “Para mí este premio significa muchísimo porque es el resultado del gran esfuerzo hecho por mi profesora María, quien me preparó para el pase de nivel en noveno grado con la obra Nocturne, de la compositora francesa Lili Boulanger. Ella me inculcó todo lo que sé desde que empecé en sexto grado hasta la actualidad. Gracias a ella pude brillar en el concurso”, confiesa.

También agradeció a su actual maestro: “Es importante resaltar que solo llevo dos meses estudiando en el nivel medio con mi actual profesor William Roblejo. Con él pretendo seguir ganando y poniendo a Cuba en el lugar donde le toca estar. Soy muy esforzada y estoy enfocada en el único objetivo de estudiar y superarme”.

Para Lía constituye un orgullo que en el jurado del concurso estuviera presente el prestigioso profesor Boris Kuschnir del Conservatorio de Viena, Austria, quien estudió con Boris Belenky en el Conservatorio Tchaikovsky de Moscú y luego música de cámara con Valentin Berlinsky del Borodin Quartet. Al violinista ruso se debe la fundación del Wiener Schubert Trio en 1984, con el que obtuvo varios premios internacionales.

Según informa la página de Facebook del King’s Peak International Competition, este es un concurso mundial de música clásica en línea que incluye varias categorías para instrumentistas y vocalistas de 5 a 23 años de edad.

El certamen está abierto en las cuatro estaciones del año para niños y jóvenes de todas las nacionalidades. En el concurso cada aspirante se debe inscribir con una pieza de un estilo seleccionado entre el Barroco y la música clásica contemporánea.

Como asegura la página de Facebook, el concurso les ofrece oportunidades a los intérpretes clásicos, no solo de actuar sino también de ir construyendo sus currículos y carreras a través de una competencia mundial.

Con este reciente galardón ya suman 41 los alcanzados por el Centro Nacional de Escuelas de Arte, desde que en el pasado mes de junio de 2020 los estudiantes cubanos comenzaron a participar en concursos online.




Historia del Templete y de la ceiba en la Plaza de Armas

Autor: Ciro Bianchi

La Ceiba del Templete

Se secó la ceiba del Templete.

Por razones que los especialistas terminarán por explicar, el árbol al que se le formulaba un deseo mientras se daban tres vueltas a su alrededor, y que fue sembrado en 1959, ya no está y será sustituido por otro.

Bajo una planta de la misma especie se celebró, el 16 de noviembre de 1519, según la tradición, la primera misa y el primer cabildo cuando, en esa fecha, La Habana se asentó en el lugar que ocupa desde entonces.

La ceiba original que en el lado noroeste de lo que sería la Plaza de Armas vio, postrados bajo su sombra, a aquellos valerosos colonizadores y que fue durante décadas testigo único de un hecho histórico y también religioso y poético, debió ser reemplazada oportunamente a lo largo del tiempo.

Cuando en 1754 Francisco Cagigal de la Vega, gobernador general de la Isla, hizo erigir allí una columna conmemorativa, ya la ceiba original no existía.

Entre 1755 y 1757 tres ceibas se sembraron en lugar de la primigenia. De ellas, dos se secaron al poco tiempo y la tercera sobrevivió hasta 1827, cuando la mano del hombre la hizo desaparecer para facilitar la construcción del Templete.

Tres nuevas ceibas se sembraron al año siguiente y de ellas solo arraigó una, que, al parecer, duró hasta 1959.

Dos más se plantaron en 1873 y murieron diez años más tarde.

La columna de Cagigal

La memoria de aquella primera misa y aquel primer cabildo celebrados debajo de la ceiba hubiese tal vez desaparecido de no haberse ocupado Cagigal de la Vega, en 1754, de recoger y perpetuar de manera ostensible la tradición.

«La iniciativa de aquel gobernante estuvo fija en el porvenir», escribe el historiador Emeterio Santovenia. «Gracias a ella pasó a la posteridad una versión que, de otra manera, pudo experimentar transformaciones o extinguirse por obra del tiempo», añade. La ya aludida columna conmemorativa del gobernador Cagigal consta de tres caras, las tres provincias en las que entonces se dividía la colonia, y lucía, en lo alto, una imagen de la virgen del Pilar. Se leían en ella dos inscripciones alusivas. Una escrita en latín. La otra en castellano antiguo.

Decía esta:

Fundóse la villa (hoy ciudad) de La Habana el año de 1515, y al mudarse de su primitivo asiento a la ribera de este puerto el de 1519, es tradición que en este sitio se halló una frondosa ceiba bajo de la cual se celebró la primera misa y cabildo: permaneció hasta el de 1753 que se esterilizó. Y para perpetuar la memoria, gobernando las Españas nuestro católico Monarca el señor Dn. Fernando VI, mandó erigir este padrón el señor Mariscal de Campo Dn. Francisco Cagigal de la Vega, del orden de Santiago, Gobernador y Capitán General de esta Isla, siendo Procurador General Doctor Dn. Manuel Phelipe de Arango. Año de 1754.

La primitiva inscripción latina fue sustituida en 1903, al restaurarse la columna por otra cuyo texto latino es una versión del antiguo.

La hizo el doctor Juan M. Dihigo, a la sazón profesor de latín de la Universidad de La Habana, la única casa de altos estudios que existía entonces en Cuba, dicho sea de paso. Reza:

Detén el paso, caminante; adorna este sitio un árbol, una ceiba frondosa, más bien diré signo memorable de la prudencia y antigua religión de la joven ciudad (…). Fue tenida por primera vez la reunión de los prudentes concejales hace ya más de dos siglos: era conservado por una tradición perpetua; sin embargo cedió al tiempo. Mira, pues, y no perezca en lo porvenir la fe habanera. Verás una imagen hecha hoy en la piedra, es decir, el último de noviembre de 1754.

En el primer frente del triángulo de la columna, que mira al naciente, hay un relieve del tronco de la que se supone sea la primera ceiba. Luce con las ramas cortadas, como si careciera de follaje, como si estuviera seca.

Con el tiempo, la columna fue desgastándose. Se deterioró lamentablemente ese sencillo monumento que casi permanecía oculto por las casillas y timbiriches de los vendedores de todo tipo de artículos que en su cercanía se instalaban.

Construcción del Templete

Eso impulsó a don Francisco Dionisio Vives y Planes, Conde de Cuba, gobernador y capitán general de la Isla, a restaurar la columna y a levantar además otro monumento mayor.

Fue criterio suyo y del ayuntamiento habanero realizar una obra durable, que fuera no solo digna de los hechos que querían perpetuarse, sino también de la importancia que iba adquiriendo la ciudad.

En sesión de 15 de junio de 1827, el alcalde-presidente del ayuntamiento apuntó la necesidad de atender a la conservación de la columna de Cagigal y el cuerpo municipal, consciente del deber en que se hallaba respecto a aquel punto, acordó restaurarla y despejar sus alrededores de casillas y timbiriches que desdoraban el paraje. Tomó cuerpo entonces la idea de un monumento de mayores dimensiones, y en el propio año de 1827 se puso manos a la obra que desde entonces recibió el nombre de Templete.

Vives ordenó a Antonio María de la Torre y Cárdenas, su secretario político, que se ocupase de todo lo concerniente a los planos y trabajos necesarios, en lo que contó con la colaboración de José Rodríguez Cabrera, regidor del ayuntamiento.

Debió primar mucho interés en concluir las obras, pues a la vuelta de pocos meses quedó listo el edificio, en tanto que la columna era colocada sobre cuatro gradas circulares de piedra y se sustituía la imagen de la virgen del Pilar que la remataba por otra dorada a fuego, de una vara de alto.

Con motivo de la construcción del Templete, el obispo Juan José Díaz de Espada hizo erigir a sus expensas, muy cerca del edificio, un busto en mármol, con su pedestal, del almirante Cristóbal Colón, una obra de autor desconocido y pobre ejecución que aún se conserva.

Dentro del recinto cerrado por las verjas que circundan el Templete quedaron incluidos ese busto, la ceiba y la columna de Cagigal.

Descripción del Templete

El Templete es el más pequeño y menos vistoso de los edificios que rodean la Plaza de Armas.

Es, sin embargo, la primera obra civil de carácter notoriamente neoclásico con que contó La Habana.

Se alza frente al Palacio de los Capitanes Generales —actual Museo de la Ciudad— y a la izquierda del Palacio de los Condes de Santovenia, donde funciona el hotel Santa Isabel.

Mide 12 varas de frente y ocho y media varas por los dos costados, en tanto que su altura es de 11 varas (una vara equivale a 0.84 metros aproximadamente).

Es de estilo griego y está compuesto de un arquitrabe de seis columnas de capiteles dóricos y zócalos áticos, y cuatro pilastras más en los costados con otros adornos.

Una lápida da cuenta de su inauguración. Dice:

Reinando el señor don Fernando VII, siendo presidente y gobernador don Francisco Dionisio Vives, la fidelísima Habana, religiosa y pacífica, erigió este sencillo monumento decorando el sitio donde el año de 1519 se celebró la primera misa y cabildo. El obispo don Juan José Díaz de Espada solemnizó el mismo augusto sacrificio el día diez y nueve de marzo de mil ochocientos veinte y ocho.

El Templete, que cumple este mes 188 años de edificado, es uno de los monumentos más visitados por cubanos y extranjeros.

Parece que así ha sido siempre.

El escritor gallego Jacinto Salas y Quiroga decía en 1840, en su libro de viajes, que se trataba de «uno de los monumentos que más desea el viajero visitar en La Habana por poco que ame los recuerdos históricos».

A partir de ahí se explaya en la descripción del edificio y los cuadros de carácter histórico que atesora. Expresa:

Preciso era descender a tantos detalles porque es este el único monumento que recuerde antiguos hechos, en la opulenta ciudad de La Habana.

Invadida, hasta cierto punto, por el tráfico y comercio, inestable todavía en la forma de administración, insegura en su riqueza y poderío, es difícil que se ocupe en otra especie de obras que aquellas que le prometen un porvenir feliz. Así que el viajero aquí, más que ruinas, debe buscar gérmenes.

Pinturas en el interior del Templete

Salas y Quiroga alude a los lienzos de Juan Bautista Vermay, pintor francés avecindado en La Habana, donde murió a causa de la fiebre amarilla, luego de haber fundado la Academia de Pintura de San Alejandro.

Son obras, sobre todo, de valor histórico que todavía se aprecian en el Templete.

Dos de ellas evocan, con imaginación, la celebración de la primera misa y el primer cabildo; la otra recrea la ceremonia inaugural del monumento aquel, el 19 de marzo de 1828.

Una ceremonia que la crónica describe como solemne y pomposa.

Inauguración del Templete

Consistió en la misa que ofició Espada con la asistencia del capitán general y las principales autoridades militares, civiles y eclesiásticas, así como los vecinos más notables de la villa, pues el ayuntamiento se encargó de invitar a todas las corporaciones y personas distinguidas.

Ante los asistentes, Espada pronunció un discurso que el historiador Pezuela calificó de erudito.

Álvaro de la Iglesia, el célebre autor de las Tradiciones cubanas, al referirse a esa obra, dice en su libro, Cosas de antaño, que en la apertura del Templete, Vermay logró tal exactitud en la pintura de personas y trajes que es «un verdadero y valioso testimonio histórico».

Pobres y ricos celebraron por igual la inauguración del Templete

Hubo una ascensión aerostática, la primera que ocurría en Cuba desde 1796 y que reportó al aeronauta, que había llegado desde New Orleans, la nada despreciable suma de 15 000 pesos. Hubo, además, funciones teatrales, recepciones y saraos en los palacios y bailes públicos y privados en los que se derrochó una fortuna.

Dice Álvaro de la Iglesia que «en flores, joyas, banquetes, ostentación y alegría el dinero corrió como un río desbordado y La Habana pareció presa de la locura durante dichas fiestas».

Hubo, por no dejar de haber, baile en uno de los navíos de la escuadra surta en puerto. Una fiesta para todos los gustos, dice De la Iglesia, ya que Vives «prestó gran atención a tres bases infalibles de la política colonial: baile, baraja y botella. Pueblo que se divierte, no conspira…».

El propio Vives lo consigna explícitamente en su informe a Madrid; las fiestas habían tenido un carácter y una orientación abiertamente políticos, encaminados a distraer al pueblo de las luchas emancipadoras que se libraban en el continente y a exaltar la paz, la seguridad y la prosperidad que disfrutaban «los fieles cubanos bajo el imperio de las leyes y del suave y paternal gobierno de Su Majestad».

NOTA EDITORIAL:

El artículo original de Ciro Bianchi «El Templete», fue publicado el 5 de marzo del 2016, en el periódico Juventud Rebelde.

 




Así secuestraron a Fangio

Autor: Ciro Bianchi

Pie de foto: Juan Manuel Fangio. Foto Autofácil.es

«Si hay que tomar el hotel, lo tomamos, pero no podemos demorarnos más. Hay que secuestrarlo ya. Hoy tenemos que hacerlo. Apenas queda tiempo. ¿Lo haces tú o lo hago yo?».

Así apremiaba Faustino Pérez (Ariel), jefe del Movimiento 26 de Julio en la capital, al bravo y experimentado capitán de milicias Oscar Lucero (Héctor) para la ejecución de la captura del astro argentino. Finalizaba la tarde del 23 de febrero de 1958. Al día siguiente tendría lugar la carrera automovilística de Fórmula 1 por el II Gran Premio de Cuba, en la que Juan Manuel Fangio, cinco veces campeón mundial, era la máxima atracción y a quien se daba como seguro ganador. Privarlo de su participación en la competencia haría que el mundo se interesara por saber qué estaba pasando en Cuba. Ese era el objetivo del secuestro.

La idea de hacerlo comenzó a animar a algunos miembros del 26 de Julio —Marcelo Salado, Enrique Hart…— cuando la celebración del I Gran Premio, en febrero del año anterior. Lo cierto es que en esa fecha, apenas tres meses después del desembarco del yate Granma, el Movimiento estaba insuficientemente preparado para una acción de tal envergadura. La llegada de Faustino a La Habana, en compañía de Frank País, jefe de Acción y Sabotaje del M-26-7, no ocurriría hasta el 28 de diciembre de 1956. Vino con la misión, encomendada por la Sierra Maestra, de confirmar que Fidel Castro estaba vivo y que el naciente Ejército Rebelde operaba en las montañas. Debía, además, reorganizar y activar el Movimiento en la capital.

Un premio y otro

El I Gran Premio fue todo un éxito para la dictadura batistiana. Atrajo a La Habana a las más grandes figuras del automovilismo mundial y la prensa extranjera, llegada para la ocasión, dio realce internacional al acontecimiento en que Fangio resultó triunfador y ganó además la simpatía de los cubanos. Su nombre fue centro de los noticieros de América y Europa. Fulgencio Batista supo aprovecharse del espectáculo que pareció afirmar que la vida en la Isla transcurría normalmente.

La misma sensación de tranquilidad quería trasmitir el batistato con el II Premio. A ese evento se añadía, en aquel febrero de 1958, hace ahora 63 años, el inicio de las funciones en Radiocentro (actual Yara), del Cinerama, todo un acontecimiento en la vida habanera, la apertura del hotel Havana Hilton (Habana Libre) y la inauguración de la Ciudad Deportiva con la pelea de boxeo por la faja mundial de los pesos ligeros entre el cubano Orlando Echevarría y el campeón norteamericano Joe Brown. Pero febrero de 1958 distaba mucho de ser febrero del 57. Mucha sangre había corrido en Cuba entre una fecha y otra.

Setenta horas

Por sus contactos, el Movimiento supo de antemano que Fangio se alojaría, como en la competencia anterior, en el hotel Lincoln, en la esquina de Galiano y Virtudes, y que ocuparía la habitación 810, pero supo también que en otra habitación del mismo piso se apostarían agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) encargados de su custodia. Entre la llegada del astro a La Habana, en la mañana del viernes 21 de febrero, y el inicio de la carrera, el 24, dispondrían de 70 horas para acometer su acción, que más que un secuestro era para ellos una «breve retención», «una retención patriótica» para hacer que el mundo volviera los ojos hacia Cuba y conociera del proceso que la convulsionaba con la guerrilla en la Sierra Maestra y la lucha clandestina en las ciudades. Dos premisas signarían la Operación Fangio. Los militantes del Movimiento que intervendrían en ella debían salir ilesos y se imponía preservar sobre todo la integridad del campeón.

El chequeo del astro comenzó en el mismo aeropuerto. Esa noche concurriría a la televisión y se pensó que sería posible secuestrarlo cuando saliera del edificio de CMQ—TV, por la puerta de M, pero la multitud que lo rodeaba impidió la operación. Tampoco se pudo proceder en la sala Taganana del Hotel Nacional, donde se ofreció un coctel de bienvenida; la vigilancia era allí extrema. Esa noche el campeón dio un paseo por la ciudad. Lo siguieron, alternándose, tres autos del 26 de Julio. Nada pudo hacerse tampoco. Ya en la madrugada, Fangio, según su costumbre, recorrió a pie la pista. La custodia, que era mucha, impidió el secuestro.

El sábado 22 fue un día perdido. Fangio apenas salió del hotel. El domingo se levantó tarde, hizo un desayuno ligero y fue a participar en las eliminaciones para determinar el lugar de los corredores en la competencia. El Malecón, para no variar, estaba muy vigilado y el campeón se hallaba rodeado de manera permanente por simpatizantes y amigos. Fue ahí que se decidió proceder incluso ante la mirada de custodios y admiradores. No podía dejarse pasar la noche de ese día. Hacerlo era como abandonar la misión.

Regresó Fangio al hotel y no tardó en saberse que descansaría durante un buen rato y bajaría después a comer. Fue entonces que Faustino Pérez dijo a Oscar Lucero aquello de: si no lo haces tú, lo hago yo, pero no tardó en reconocer que se le había ido la mano, pues un hombre como Lucero no necesitaba que lo compulsaran. A esa altura surgía un imprevisto. Resultaba imposible alojar a Fangio donde pensaban hacerlo; un combatiente con graves quemaduras había sido albergado en el apartamento en cuestión.

Tras su conversación con Faustino, Lucero contactó con Manuel Uziel y otros combatientes comprometidos. Irían al hotel, en tres autos, nueve combatientes, incluida Blanca Niubó (Sarita), esposa de Lucero, que insistió en acompañarlo a pesar de su embarazo. Todos, menos Sarita, iban armados, y en cada automóvil había una ametralladora.

Pasadas las 7:00 de la noche estaban en el vestíbulo del hotel Uziel, Lucero y Sarita, entre otros comprometidos. A las 8:40 salió Fangio del elevador en compañía de su representante y pronto se vio rodeado de admiradores. Había policías vestidos de paisano por todas partes. Debía el comando establecer con exactitud la identidad del campeón. Uno de los secuestradores se acercó al grupo y preguntó quién era Fangio. Respondió el aludido y el hombre dijo entonces: pues quiero que sepa que yo lo admiro mucho. Entonces Uziel llamó a Fangio por su nombre. ¿Para qué me quiere?, respondió este de mala gana. Dijo Uziel: soy del Movimiento 26 de Julio y vengo a secuestrarlo. A Fangio se le congeló la sonrisa cuando sintió que Uziel le apoyaba su pistola en las costillas. Salieron por la puerta que da a la calle Virtudes y caminaron hasta el automóvil previsto. Lo mismo hicieron los miembros del comando que protegían la operación. Uziel iba tan contento que hizo que el auto en que viajaban se desviara de su ruta y llegara a su casa para que su esposa y su hijo conocieran al gran Juan Manuel Fangio.

Mis amigos los secuestradores

En la casa de las norteñas, llamada así por su ubicación en la calle Norte, en el Nuevo Vedado, el campeón cenó con buen apetito y conversó con sus captores. Bromeó con ellos. Les dijo: «Ustedes tienen suerte de que yo viniera sin mi esposa, porque de ser así ya ella me hubiera encontrado». Al día siguiente, lunes 24, Faustino Pérez le explicó la significación que para Cuba tenía la fecha: «Es la Fiesta Nacional que recuerda el inicio de la Guerra de Independencia, en 1895». Compartió la mesa con sus secuestradores: arroz con pollo, ensalada de espárragos, ensalada de tomate y lechuga, plátanos fritos y yuca con mojo. De postre, melocotones en almíbar y cascos de guayaba con queso. No quiso oír la trasmisión de la carrera. Lo alteraba, confesó, el ruido de los motores si no estaba en la competencia. Prefirió escuchar música «selecta» y se deleitó con las canciones de Katina Rayneri. Lo puso fuera de sí la noticia del accidente ocurrido en la competencia cuando el Ferrari de uno de los concursantes se precipitó contra el público con el saldo de seis muertos y más de 20 heridos. Fue entonces que indagó por las gestiones para su devolución.

Si secuestrarlo fue difícil, devolverlo era peor. Podía ser abandonado en un parque o en cualquier esquina, pero el 26 de Julio temía que la dictadura aprovechara la ocasión para asesinarlo y culpar a la Revolución. Se pensó que el sacerdote Alfredo Oslé, orientador de la Juventud Obrera Católica, o Miguel Ángel Quevedo, director de la revista Bohemia, actuaran como intermediarios, pero el Embajador argentino sugirió que la entrega se efectuara en el apartamento de su agregado militar.

El ambiente se había vuelto tenso en la casa de las norteñas; Fangio había perdido su aplomo. En el trayecto hacia la casa del diplomático el campeón iba silencioso y concentrado. Llegaron al fin al lugar. Un edificio de muchos pisos. Tomaron el elevador y en el piso 11 avanzaron por el pasillo hasta una puerta entreabierta. La traspusieron para ver en la sala de estar a tres hombres muy serios. Nadie hablaba hasta que Fangio rompió el hielo: «Estos son mis amigos los secuestradores», dijo. Más tarde, ya en la Embajada de su país, con su sonrisa característica, expresó a la prensa: «No experimento rencor alguno contra mis secuestradores. Y si lo hecho por los rebeldes fue por una buena causa, entonces, como argentino, yo la acepto como tal, estoy de acuerdo».

Tomado de Juventud Rebelde




Símbolo y leyenda: La Giraldilla

Una estatuilla estilizada se yergue en La Habana, historia, símbolo de la ciudad: La Giraldilla.

Cuenta la tradición que doña Isabel del Bobadilla, esposa de Hernando de Soto, quien luego de tomar posesión de su cargo como capitán general de Cuba, sin perder tiempo, la dejó como gobernadora y se dispuso a afianzar el poder de España en la península de La Florida.

Durante largas horas, por años enteros, esperaba a su esposo en la torre de vigía del Castillo de la Real Fuerza, que por aquel entonces era vivienda del gobernador del país.

La larga espera convirtió a Isabel en un personaje legendario, que oteaba el horizonte e intentaba descubrir, más allá del alcance de su vista, las naves que traerían a su esposo de regreso al hogar.

La Giralda habanera

Cuentan que unos años después de su muerte un artista habanero, de origen canario, Gerónimo Martín Pinzón (1607-1649), se inspiró en aquella mujer que era un símbolo de la fidelidad conyugal y la esperanza y esculpió una figura en su recuerdo.

El gobernador de la ciudad en ese entonces, don Juan Bitrián Viamonte, mandó a fundir la escultura en bronce y colocarla, a modo de veleta, sobre la torre, añadida poco tiempo después al castillo.

El gobernador Bitrián bautizó la veleta con el nombre de Giraldilla, en recuerdo de La Giralda de su ciudad natal, Sevilla. Así, La Giraldilla se convirtió en  símbolo, por sus matices de leyenda y de historia de amor.

La figura es la de una bella muchacha de pie con la Cruz de Calatrava en una de sus manos. En ella se observan rasgos que evocan las facciones de la mujer española, con coincidencias que la convierten en una representación genuina de una ciudad como La Habana.

Puede añadirse que la escultura, con ciento diez centímetros de altura,  muestra la falda recogida sobre una de sus rodillas, sobre el pecho ostenta un medallón con el nombre del escultor y una corona en la cabeza. Su silueta se recorta en lo alto de la fortaleza contra el azul del cielo, y su bronce resplandece con destellos dorados, casi áureos, bajo el sol.

Actualmente no es la original…

Sino una copia realizada con gran rigor estético, pues la verdadera Giraldilla se conserva en el Museo de la Ciudad, por considerarse una de las maravillas de la urbe.

La diminuta figura femenina de bronce desafía el tiempo desde la altura y constituye el más antiguo símbolo de la capital cubana, que cumple 501 años de fundación. Tal parece que otea el horizonte, sin fatigarse por el paso de los siglos, en espera, mientras continúa marcando la dirección de los vientos.




Leal al cine: Dedica portal del cine cubano dossier a Eusebio Leal

El Portal del cine cubano del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), anunció en su perfil de Facebook y en una nota publicada en su página web, que el dossier de esta publicación, correspondiente al mes de septiembre, estaría dedicado a Eusebio Leal, pues es el mes de nacimiento del destacado historiador e intelectual cubano, recientemente fallecido.

“No fue únicamente la vieja Habana la que contó con la obra y el empeño de este inigualable historiador. Su hacer se expandió por muchos lugares, por muchos ámbitos, y el cine cubano fue uno de ellos. Varias de nuestras películas contaron con su pensamiento, asesoría y criterio; así como varios de nuestros cineastas fueron sus amigos, compañeros de tertulias e intercambios fraternales.

“El dosier de septiembre, mes de su nacimiento, lo dedicamos a Eusebio Leal. Agradecemos especialmente al presidente del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, Iván Giroud, por contribuir con dos de sus textos. Sirva esta compilación, que recoge tanto palabras del erudito historiador como otras pronunciadas por quienes le quisieron y admiraron, como homenaje al eterno novio de La Habana, leal al tiempo, leal al cine”, explica la nota.

El dossier en homenaje a este gran hombre, incluye textos como El cubano más útil de su tiempo, de Rafael Acosta de Arriba; Te seré Leal, de Alejandro Gil; y No olvidemos nunca, un escrito del propio Eusebio Leal.

(Con información del Portal del Cine cubano)